Carolina pensó que aquella sería simplemente una cena para conocer mejor a la familia del hombre con el que estaba a punto de casarse. Lo que jamás imaginó fue que unas pocas palabras serían suficientes para poner en duda no solo su boda, sino toda la relación que había construido con Mateo.
Desde que entró en aquella elegante casa, Carolina percibió cierta frialdad en Isabel, la madre de Mateo. Aun así, intentó ser amable. Era una noche importante y no quería comenzar un conflicto con la mujer que pronto se convertiría en su suegra.
Pero Isabel no tenía las mismas intenciones.
En medio de la cena, mientras todos permanecían alrededor de la mesa, Isabel observó detenidamente a Carolina y decidió decir en voz alta lo que aparentemente llevaba tiempo pensando.
—Mi hijo siempre tuvo mujeres de otro nivel. Supongo que esta vez decidió conformarse.
Carolina quedó sorprendida.
Mateo estaba allí.
Había escuchado perfectamente el comentario de su madre.
Y, sin embargo, no hizo nada.
Carolina decidió no quedarse callada
Isabel esperaba probablemente una reacción incómoda o incluso que Carolina evitara responder para no empeorar la situación.
Pero Carolina levantó la mirada.
—Qué curioso… él me dijo exactamente lo contrario de usted.
La expresión de Isabel cambió inmediatamente.
La cena continuó, pero el ambiente ya no volvió a ser el mismo.
Para Carolina, sin embargo, el comentario de Isabel no había sido lo más doloroso de aquella noche.
Lo verdaderamente difícil de aceptar era que Mateo había presenciado la humillación sin defenderla.
La discusión continuó fuera de la casa
Cuando finalmente terminó la cena, Carolina y Mateo salieron de la casa.
Ya lejos de Isabel, Carolina decidió decirle exactamente cómo se sentía.
—Lo peor no fue lo que dijo tu madre. Lo peor fue que te quedaste sentado sin defenderme.
Mateo intentó justificar su silencio.
—Carolina, tú sabes cómo es ella. Si le respondo, todo termina peor.
Aquella respuesta hizo que Carolina comenzara a mirar el problema de otra manera.
No se trataba únicamente de tener una suegra difícil.
Mateo llevaba años acostumbrándose a evitar cualquier enfrentamiento con su madre.
Y Carolina comenzó a preguntarse qué ocurriría después de casarse.
¿Tendría que soportar aquella situación cada vez que Isabel decidiera intervenir en sus vidas?
Al día siguiente, Carolina puso la boda sobre la mesa
La noche no consiguió tranquilizarla.
A la mañana siguiente, Carolina volvió a hablar con Mateo en su apartamento.
Esta vez fue mucho más directa.
—No puedo pensar en casarme contigo si cada vez que tu madre me humilla, tú prefieres quedarte callado.
Mateo comprendió inmediatamente la gravedad de aquellas palabras.
—¿Me estás diciendo que quieres cancelar la boda por lo de anoche?
Carolina no necesitó responder.
Su expresión fue suficiente.
Por primera vez, Mateo comprendió que su costumbre de evitar los conflictos con Isabel podía costarle su relación.
Mateo decidió enfrentar a su madre
Horas después, Mateo fue solo a casa de Isabel.
No estaba dispuesto a permitir que lo sucedido durante la cena quedara simplemente olvidado.
—Carolina está pensando cancelar la boda por lo que hiciste anoche.
Mateo esperaba que aquella noticia hiciera reflexionar a su madre.
Ocurrió lo contrario.
Isabel permaneció tranquila.
—Entonces te estoy haciendo un favor. Una mujer que te ama de verdad no amenaza con dejarte por tu madre.
Mateo la observó incrédulo.
Había ido esperando encontrar algún arrepentimiento.
En cambio, descubrió que Isabel seguía convencida de que Carolina era el problema.
Pero Isabel decidió ir todavía más lejos
Aquella misma tarde, Carolina terminó su jornada laboral y salió del edificio donde trabajaba.
Mientras caminaba por una concurrida zona de la ciudad, encontró a alguien esperándola.
Era Isabel.
Carolina no esperaba verla allí.
Mucho menos después de lo ocurrido durante la cena.
Isabel había decidido hablar directamente con ella, sin Mateo presente.
Esta vez no intentó ocultar lo que realmente quería.
—Voy a ser clara contigo. Aléjate de Mateo y nos ahorrarás muchos problemas a todos.
Carolina se detuvo.
Después de todo lo ocurrido durante las últimas horas, aquellas palabras terminaron por confirmar lo que llevaba tiempo pensando.
Pero su respuesta sorprendió incluso a Isabel.
—Perfecto. Dígaselo usted misma cuando esta noche le devuelva el anillo.
Isabel consiguió lo que quería
Carolina continuó caminando y dejó a Isabel atrás.
Curiosamente, Isabel no parecía satisfecha.
Había presionado a Carolina para que se alejara de su hijo y ahora acababa de conseguir exactamente eso.
Pero quizá nunca imaginó que Carolina tomaría una decisión tan rápidamente.
Esa misma noche, Carolina citó a Mateo en un restaurante.
Los dos se sentaron frente a frente.
Entre ellos, Carolina colocó el anillo de compromiso.
Ya no había ninguna duda sobre el motivo de aquella conversación.
—Tu madre consiguió lo que quería. No voy a casarme contigo para pasarme la vida luchando por un lugar en tu familia.
Mateo miró el anillo.
Carolina esperaba una reacción.
Esperaba que finalmente luchara por ella.
Pero Mateo levantó la mirada y respondió algo completamente diferente.
—Entonces no voy a detenerte.
La respuesta de Mateo cambió todo
Carolina quedó inmóvil.
Después de tantos planes, de hablar sobre una boda y de imaginar una vida juntos, Mateo simplemente había aceptado su decisión.
Él se levantó de la mesa.
Carolina permaneció sentada mientras observaba al hombre con quien pensaba casarse alejarse sin intentar convencerla de quedarse.
La relación parecía haber terminado allí.
Durante los siguientes días, Carolina intentó regresar a su rutina.
Volvió al trabajo y trató de convencerse de que había tomado la decisión correcta.
Hasta que, tres días después, ocurrió algo completamente inesperado.
Isabel apareció nuevamente, pero esta vez era otra mujer
Carolina caminaba por el amplio vestíbulo del edificio donde trabajaba cuando reconoció a Isabel cerca de la recepción.
Pero algo había cambiado.
La mujer elegante, segura y arrogante que la había enfrentado días antes había desaparecido.
Isabel parecía agotada.
Preocupada.
Incluso asustada.
Carolina se acercó con cautela.
—¿Isabel? ¿Qué hace usted aquí?
La respuesta la dejó desconcertada.
—Necesito que vengas conmigo. Es Mateo.
Carolina sintió inmediatamente que algo estaba mal.
—¿Qué le pasó?
Isabel tardó unos segundos en responder.
—No sé dónde está.
Mateo se había marchado
Carolina olvidó durante un instante todas las diferencias que tenía con Isabel.
Quería saber qué había ocurrido.
Isabel explicó que después de la ruptura Mateo se había distanciado también de ella.
No quería discutir.
No quería escuchar explicaciones.
Simplemente necesitaba alejarse.
Había un lugar al que Mateo solía acudir cuando quería desconectarse de todo: la terminal de autobuses.
Carolina decidió acompañar a Isabel.
Ya era de noche cuando ambas llegaron.
Comenzaron a buscarlo entre cientos de personas
La terminal estaba llena.
Viajeros caminaban con maletas de un lado a otro mientras diferentes autobuses se preparaban para partir.
Carolina e Isabel avanzaron juntas entre la multitud.
—¿Por qué cree que Mateo vendría aquí?
Isabel respondió mientras continuaban buscando.
—Porque cuando quiere desaparecer de todo, este es el primer lugar al que viene.
Continuaron avanzando.
Hasta que Isabel se detuvo.
Su expresión cambió.
—Carolina… ahí está.
Carolina siguió la dirección de su mirada.
A varios metros de distancia estaba Mateo.
Llevaba una bolsa de viaje y caminaba hacia la zona de salida.
Carolina corrió para alcanzarlo
Por un momento, Carolina no supo qué hacer.
Habían pasado apenas tres días desde que le había devuelto el anillo.
Pero verlo alejándose hizo que aquella decisión adquiriera un significado completamente diferente.
Mateo no estaba intentando convencerla de regresar.
Ni siquiera parecía esperar que ella estuviera allí.
Carolina comenzó a caminar rápidamente hacia él mientras Isabel permanecía unos metros atrás.
—¡Mateo!
Él se detuvo.
Después giró.
Cuando vio a Carolina frente a él, su expresión dejó claro que tampoco esperaba aquel encuentro.
Mateo finalmente tomó su propia decisión
Durante días, Carolina e Isabel habían discutido directa o indirectamente sobre la vida de Mateo.
Isabel quería decidir qué mujer consideraba adecuada para su hijo.
Carolina quería que Mateo fuera capaz de enfrentarse a su madre.
Y Mateo había permanecido atrapado entre ambas.
Pero aquella noche algo había cambiado.
Carolina intentó detenerlo antes de que continuara su viaje.
Mateo la escuchó.
Ya no parecía enfadado.
Tampoco parecía dispuesto a continuar discutiendo.
Por primera vez desde que había comenzado todo, Mateo había tomado una decisión sin intentar satisfacer a ninguna de las dos.
Después de hablar brevemente con Carolina, volvió a tomar su bolsa.
Ella permaneció inmóvil.
Isabel observaba desde unos metros atrás.
Mateo se giró hacia la zona de salida.
Y comenzó nuevamente a caminar.
La mujer que quería separarlos ahora veía marcharse a su propio hijo
Isabel había pensado que alejar a Carolina solucionaría el problema.
Estaba convencida de que protegía a Mateo.
Pero mientras observaba a su hijo alejándose por aquella terminal comprendió que su intervención había tenido una consecuencia que jamás había previsto.
Carolina también comenzó a cuestionarse algo.
¿Realmente quería terminar su relación?
¿O había tomado aquella decisión esperando que Mateo finalmente reaccionara?
Ahora ya no importaba solamente si Carolina estaba dispuesta a perdonarlo.
Mateo también tendría que decidir si todavía quería regresar.
Y mientras él continuaba caminando hacia la salida, Carolina comprendió que podía estar a pocos minutos de perder definitivamente al hombre con quien pensaba casarse.
Pero todavía quedaba una decisión por tomar antes de que aquel autobús partiera.
Continuará en la Parte 2…